En 2024 crucé el océano Atlántico en velero, recolectando muestras de microplásticos para un proyecto de conservación en el camino. Fueron varias semanas de mar abierto, sin tierra a la vista, armando el bolso antes de salir y volviendo a armarlo mentalmente cada vez que algo no funcionaba como esperaba.

Esta no es una lista de todo lo que existe para navegar. Es lo que aprendí a llevar después de probarlo en el agua, lo que de verdad usé todos los días y lo que me hubiese ahorrado mucho dolor de cabeza haber sabido antes de zarpar.

Ropa: dryfit, siempre

La sal y la humedad del mar no perdonan. Si tu ropa no seca rápido, vas a estar mojada todo el tiempo, y eso a la larga cansa más que cualquier ola. La tela dryfit fue lo que más usé en toda la travesía: seca en minutos, no pesa, y no se siente pegajosa contra la piel salada.

Protección solar, en serio

En altamar el sol pega distinto: no hay sombra, y el reflejo del agua multiplica la exposición. No es solo cuestión de protector solar (que también, y en cantidad), sino de armar una barrera física que no dependa de que te acuerdes de reaplicarte cada dos horas.

Seguridad, lo no negociable

Hay elementos que llevás con la esperanza de no tener que usarlos nunca, pero que cuando los necesitás, los necesitás de verdad. No son para impresionar a nadie, son para que vuelvas.

Al final, armar el bolso para una travesía oceánica es más sobre simplificar que sobre acumular. Cada cosa que llevás tiene que ganarse su lugar, porque en el medio del océano no hay vuelta atrás para comprar lo que olvidaste.

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