Crecí en Corrientes, en contacto con el río. Mi papá construyó nuestro barco con sus propias manos, y desde chica el agua fue mi patio de juegos. Quizás por eso, cuando empecé a viajar más lejos, lo primero que noté no fue el paisaje nuevo, sino lo que ese paisaje empezaba a recibir de mí: cada bolsa plástica, cada producto descartable, cada decisión apurada que tomaba sin pensar demasiado.
Eso se hizo todavía más concreto en 2024, cuando cruzando el Atlántico en velero empecé a recolectar muestras de microplásticos para un proyecto de conservación. Ver con mis propios ojos lo que flota en medio del océano, lejos de cualquier costa, cambia la manera en la que pensás un viaje. No se trata de viajar perfecto, eso no existe. Se trata de viajar con más conciencia que la que tenías la vez anterior.
Empezá por lo que llevás en la mochila
El impacto más grande casi siempre está en lo desechable. No hace falta una transformación radical, alcanza con cambiar unos pocos hábitos que se vuelven automáticos con el tiempo.
- Una botella reutilizable, siempre. Es la decisión más simple y la que más basura evita
- Bolsas de tela para compras, snacks o lo que sea que necesites cargar en el camino
- Cubiertos propios para no depender de los descartables de cada parador o kiosco
- Jabón y shampoo sólidos: pesan menos, no se derraman y no generan envases
Elegí con cuidado a quién le das tu plata
Cada vez que pagás algo en un viaje, estás votando por una forma de hacer las cosas. Buscar alojamientos, guías y proveedores locales que respeten el entorno no es un detalle menor: es la diferencia entre un turismo que cuida los lugares y uno que los desgasta.
- Priorizá negocios locales y familiares antes que cadenas grandes
- Investigá si el lugar tiene alguna práctica concreta de sustentabilidad, no solo el cartel que lo dice
- Cuando puedas, elegí transporte compartido o más lento antes que el más rápido y contaminante
Dejá el lugar como lo encontraste, o mejor
Esto suena obvio, pero en la práctica se olvida fácil: no dejar rastro, no llevarte nada que no sea tuyo, y si podés, sumar algo positivo. Una bolsa de basura recolectada en una playa o un sendero no te va a cambiar el viaje, pero sí puede cambiar ese lugar para quien venga después.
Viajar con menos impacto no es una lista de reglas estrictas que hay que cumplir a la perfección. Es una forma de mirar: notar lo que tu paso deja atrás, y elegir, cada vez que puedas, que sea lo menos posible.
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